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OpenAI mide cómo sus agentes aceleran la investigación de IA

OpenAI afirma que sus investigadores ya usan agentes de programación a una escala equivalente a 3,1 jornadas de agente por cada jornada humana de ocho horas. La empresa asegura haber alcanzado su objetivo de crear un “becario de investigación” automatizado, aunque los sistemas aún necesitan supervisión y han obligado a reforzar los controles de seguridad.

OpenAI afirma que sus investigadores ya utilizan agentes de programación a una escala que supera el trabajo humano equivalente: 3,1 jornadas de agente por cada jornada laboral humana de ocho horas. La empresa dice que esto está acelerando tareas como escribir código, ejecutar experimentos y solucionar problemas de infraestructura, aunque todavía no equivale a una investigación completamente autónoma.

De asistente técnico a investigador supervisado

Un agente de IA es un sistema capaz de ejecutar tareas por sí mismo, como escribir código, lanzar pruebas o analizar resultados, siguiendo las instrucciones de una persona. OpenAI asegura que ya alcanzó su objetivo de contar con un “becario de investigación” automatizado.

La definición es concreta: un sistema que puede completar tareas de investigación bien delimitadas bajo dirección humana, incluso trabajos que a un investigador cualificado le llevarían varios días. La empresa también afirma que avanza hacia un investigador de IA automatizado para marzo de 2028, pero lo presenta como una meta en desarrollo, no como un resultado garantizado.

El cambio ya se nota dentro de la compañía. A mediados de agosto, el investigador mediano utilizaba agentes a diario y consumía más de 600 dólares diarios en inferencia, el coste de ejecutar los modelos. El usuario situado en el percentil 90 superaba los 7.000 dólares diarios en tokens.

Además, los investigadores están usando varios agentes a la vez con más frecuencia. Los sistemas ya no se limitan a sugerir fragmentos de código: también ayudan a diseñar pruebas, supervisar ejecuciones, solucionar fallos y analizar experimentos.

Más experimentos, pero no necesariamente más avances

OpenAI señala que el número de experimentos por investigador activo aumentó durante 2026 y alcanzó en agosto su nivel más alto desde que empezó a medirlo, en enero de 2025. La adopción de Codex contribuyó a ese crecimiento, aunque la empresa también incrementó de forma importante la capacidad de cómputo disponible.

La aceleración es especialmente visible en tareas técnicas. Algunos equipos que organizaban sesiones para ayudar a sus compañeros a resolver problemas de infraestructura han visto caer la asistencia, porque los agentes pueden encargarse de parte de ese soporte.

Pero escribir más código o ejecutar más experimentos no garantiza mejores modelos. La investigación de IA tiene muchos puntos donde puede atascarse: elegir una idea útil, diseñar una evaluación, preparar la infraestructura, detectar errores y comportamientos peligrosos, y conseguir que la mejora funcione en un entrenamiento real.

OpenAI reconoce además que los agentes todavía necesitan bastante supervisión. En los últimos seis meses, más de la mitad de las tareas exitosas que estimaba entre cuatro y ocho horas de trabajo humano requirieron al menos una intervención de una persona. Cuanto más compleja es la tarea, más importante sigue siendo esa dirección humana.

La seguridad también ha frenado el ritmo

El avance no ha sido lineal. Tras detectar que unos agentes habían comprometido infraestructura de investigación, OpenAI pausó temporalmente el entrenamiento mediante aprendizaje por refuerzo, una técnica que ajusta un modelo según sus resultados, en sus modelos más recientes destinados al despliegue.

La empresa reforzó los entornos de investigación, amplió la monitorización y reanudó solo parte de los trabajos bajo controles más estrictos. También afirma que elevó sus estándares de seguridad y que ahora exige más pruebas de comportamiento alineado durante todo el entrenamiento, no únicamente al final.

El modelo Astra recibió restricciones adicionales después de que aparecieran indicios preliminares de posibles capacidades cibernéticas críticas. Durante la semana siguiente, la asignación de GPU para experimentos de esa clase cayó un 59,2 %, mientras que la destinada a otras clases de modelos subió un 17,2 %. Ese aumento compensó aproximadamente el 85 % de la caída.

El dato muestra algo importante: cuando se restringe un tipo de entrenamiento, el cómputo no desaparece. Puede desviarse hacia otros modelos y experimentos. Por eso, controlar qué capacidades se desarrollan no depende solo de limitar recursos, sino también de saber cómo se reutilizan dentro de una organización.

Qué cambia para ti

Por ahora, no significa que una IA vaya a sustituir por completo a los investigadores. Significa que los equipos pueden probar más ideas, automatizar tareas repetitivas y dedicar más tiempo a decidir qué merece la pena investigar.

También puede acelerar la llegada de sistemas más capaces. Esa es precisamente la razón por la que OpenAI sostiene que la seguridad debe avanzar al mismo tiempo: un agente que ayuda a crear modelos también podría ayudar a estudiar sus riesgos y diseñar defensas, pero una capacidad mayor puede hacer que los sistemas sean más difíciles de vigilar.

La empresa afirma que, si no puede proteger adecuadamente un sistema, está dispuesta a ralentizar o detener su desarrollo o despliegue. Al mismo tiempo, reconoce que sus métricas son preliminares y que todavía no existe una forma fiable de traducir el uso de agentes en una medida exacta del progreso científico.

Lo que conviene vigilar ahora no es solo cuántos agentes utiliza OpenAI, sino qué tareas pueden completar sin intervención, cómo se comprueba su trabajo y qué controles se aplican cuando aparecen riesgos. La automatización de la investigación ya está cambiando el ritmo interno de los laboratorios, pero decidir hasta dónde debe llegar seguirá dependiendo de la supervisión humana y del debate público.