Google prueba IA para reducir las estelas de los aviones
Google y American Airlines integran previsiones de IA en la planificación de vuelos para evitar estelas de condensación. En una prueba con 2.400 vuelos transatlánticos, los vuelos que siguieron los planes recomendados redujeron un 62% la tasa de formación de estelas frente al grupo de control.

Google y American Airlines prueban una herramienta de inteligencia artificial que ayuda a los vuelos comerciales a evitar las rutas donde podrían formar estelas de condensación, esas líneas blancas que dejan los aviones en el cielo. En un ensayo con 2.400 vuelos transatlánticos, los vuelos que siguieron los planes recomendados redujeron un 62% la tasa de formación de estelas frente a un grupo de control.
Las estelas aparecen cuando el vapor de agua de los motores se congela en ciertas condiciones atmosféricas. Algunas desaparecen rápido, pero otras permanecen y pueden atrapar calor en la atmósfera. Por eso, aunque evitar una estela no elimina las emisiones de CO₂ del vuelo, sí puede reducir parte de su impacto climático.
De probarlo a incorporarlo en los vuelos
La investigación parte de una prueba realizada en 2023. En aquel momento, Google y American Airlines demostraron que los pilotos podían usar previsiones generadas por IA para esquivar zonas con alto riesgo de formar estelas. En 70 vuelos de prueba, lograron una reducción del 54%.
El problema era que encontrar los vuelos adecuados y coordinar cada decisión requería horas de trabajo manual. La nueva prueba intenta resolver ese cuello de botella: las previsiones de Google se integraron directamente en el programa que American Airlines ya utiliza para planificar sus vuelos.
Así, la IA no funciona como una aplicación separada que los pilotos deban consultar por su cuenta. El sistema analiza las condiciones atmosféricas y señala posibles rutas alternativas dentro del proceso habitual de planificación.
Qué significa para los pasajeros
Si esta tecnología llega a utilizarse de forma generalizada, el pasajero no tendría que hacer nada distinto. El avión podría desviarse ligeramente para evitar una zona propicia a las estelas, siempre que la alternativa sea segura, operativa y razonable en términos de combustible y tiempo de vuelo.
El resultado tampoco significa que todos los vuelos reduzcan su impacto climático en un 62%. Esa cifra corresponde a los vuelos que lograron ejecutar los planes de evitación durante el ensayo y mide la reducción de la tasa de formación de estelas frente al grupo de control. No es una reducción equivalente de todas las emisiones del vuelo.
La importancia de la prueba está en otro punto: muestra que la evitación de estelas puede integrarse en la operación normal de una aerolínea, no solo en experimentos aislados. Con más pruebas, las compañías tendrán que comprobar cómo afecta la técnica al consumo de combustible, los horarios, la seguridad y la capacidad de los controladores aéreos.
El siguiente paso será automatizar y ampliar el sistema sin convertir cada desviación en un problema operativo. La IA ya puede identificar oportunidades para evitar estelas; ahora falta demostrar que las aerolíneas pueden aprovecharlas de forma constante, segura y con un coste razonable.