Anthropic mide qué trabajos pueden hacer los robots
Un estudio de Anthropic estima que los robots ya pueden realizar el 74% de las tareas físicas en Estados Unidos, aunque solo son competitivos en costes para el 0,3% del trabajo. Conductores, almacenes y empaquetadores aparecen entre las ocupaciones más expuestas, mientras que el cuidado, la reparación y las tareas interpersonales ofrecen más resistencia.

Los robots ya pueden realizar el 74% de las tareas físicas que se hacen en Estados Unidos, pero eso no significa que estén a punto de reemplazar a la mayoría de los trabajadores. El principal freno no es solo lo que pueden hacer, sino cuánto cuesta ponerlos a trabajar.
Un estudio de Anthropic analiza qué tareas pueden ejecutar hoy los robots autónomos, es decir, máquinas físicas capaces de percibir su entorno y actuar sin control humano constante. Sus resultados apuntan a que conductores, trabajadores de almacén y empaquetadores están más expuestos que enfermeros, técnicos de reparación o cuidadores.
Los robots pueden hacer mucho, pero en lugares muy concretos
El estudio revisa cerca de 19.000 tareas asociadas a unas 900 ocupaciones en Estados Unidos. Para cada una, evalúa hasta dónde puede llegar un robot actual:
- En un entorno diseñado específicamente para robots, como una línea de ensamblaje.
- En un lugar de trabajo estructurado, como un almacén.
- En un entorno abierto e impredecible, como una carretera urbana.
La diferencia es importante. Un robot puede clasificar paquetes en una instalación preparada para ello, pero tener problemas si debe recoger objetos desordenados, moverse entre personas o reaccionar ante una situación inesperada.
Por eso, aunque los robots pueden cubrir el 74% de las tareas físicas, esas tareas representan alrededor del 34% del tiempo total de trabajo. Solo el 2% de las tareas físicas analizadas puede realizarse hoy en entornos completamente desestructurados.
Conducir es uno de los casos más expuestos. Los vehículos autónomos ya pueden circular sin conductor en determinadas ciudades y condiciones. En cambio, un robot todavía tiene muchas dificultades para tareas como manipular objetos delicados, trabajar alrededor de tuberías enterradas o adaptarse a reparaciones que nunca salen exactamente igual.
Los conductores y los almacenes aparecen primero
Los conductores de taxi encabezan la lista de ocupaciones más expuestas, con un índice de exposición de 2,2 sobre 3. Nueve de las diez ocupaciones más expuestas están relacionadas con operar vehículos.
Los almacenes también concentran riesgos. Robots móviles ya transportan mercancías, cargan materiales y trabajan junto a personas en centros logísticos. Los empaquetadores y preparadores de pedidos son un ejemplo especialmente relevante: el estudio estima que los robots pueden realizar el 97% de sus tareas y que, en algunos casos, ya resultan ligeramente más baratos que contratar trabajadores.
Ese grupo emplea a unas 560.000 personas en Estados Unidos. Su empleo ha caído un 22% desde 2015, aunque el estudio no atribuye toda esa caída a los robots.
La exposición también refleja desigualdades laborales. Los trabajadores de ocupaciones muy expuestas tienen, en promedio, menos estudios, cobran alrededor de 30 dólares menos por hora y presentan una tasa de desempleo más del doble que quienes trabajan en ocupaciones no expuestas. Además, es más probable que sean hombres y que desempeñen trabajos físicamente exigentes.
La inteligencia artificial amplía el alcance
Cuando se combinan robots y modelos de lenguaje, como los que generan texto, alrededor del 81% del tiempo de trabajo queda expuesto a alguna de las dos tecnologías. Los modelos de lenguaje afectan sobre todo tareas digitales y cognitivas. Los robots añaden trabajos físicos que la IA por sí sola no puede ejecutar.
Aun así, queda una zona más resistente a la automatización. Incluye tareas que requieren interacción cara a cara, contacto físico, destreza manual o adaptación constante. El cuidado de personas, parte de la atención sanitaria, la reparación y los servicios sociales encajan en ese grupo.
No significa que esas ocupaciones estén protegidas para siempre. Significa que, con las capacidades actuales, son más difíciles de automatizar de forma fiable.
El precio es el gran obstáculo
La diferencia entre poder hacer una tarea y poder hacerla de forma rentable es enorme. Según las estimaciones del estudio, los robots son competitivos en costes para solo el 0,3% de las tareas laborales actuales.
En muchos casos, el robot necesita sensores, instalación, mantenimiento, software, supervisión humana y un espacio adaptado. Un sistema capaz de soldar puede hacerlo bien, pero todavía necesita ayuda para colocar piezas grandes, subir escaleras, revisar el resultado o corregir errores.
Si los precios de los robots bajan al ritmo observado desde la década de 1990, harían falta unos 40 años para que fueran competitivos en el 10% del trabajo actual. Es una proyección, no una fecha garantizada. Nuevos diseños, una fabricación más barata o avances en robots humanoides podrían acelerar el proceso, mientras que las normas y las preferencias de los clientes podrían frenarlo.
El análisis también encuentra que los robots se han vuelto capaces de realizar aproximadamente un 2% adicional de las tareas físicas que antes no podían hacer cada año. Y al revisar los últimos 50 años, los autores observan que los empleos más expuestos a los robots tendieron a registrar mayores descensos posteriores en salarios y empleo.
La señal que deja el estudio es concreta: la automatización física no llegará primero a cualquier trabajo, sino a los que ya pueden realizar robots en entornos controlados. Conviene vigilar el transporte, la logística y el empaquetado antes que imaginar robots sustituyendo de golpe a enfermeros, mecánicos o cuidadores. El futuro del empleo dependerá tanto de la capacidad de las máquinas como de su precio, las reglas y las tareas que los humanos sigan siendo capaces de hacer mejor.